En los albores de una nueva era tecnológica, los más sabios (o por lo menos, los que se conocían entre ellos) decidieron separarse del resto de la sociedad, para estudiar los instrumentos electrónicos, su uso, para qué servían y cómo demonios tuvieron tanto dinero para comprarlos. Poco a poco, otros grandes intelectuales de otros temas distintos (aunque muy relacionados) también se fueron uniendo a esta ‘causa’.
Todos se reunían en los mismos sitios para charlar sobre aquello que tanto les fascinaba. Nacieron las pequeñas comunidades, y de la comunidad nació el placer de compartir conocimientos unos con otros. El conocimiento, si no se comparte, no es conocimiento, dicen. Algunos quisieron compartir algo tan curioso como lo que les ocurría a diario. Otros, en cambio, prefirieron ayudar a la gente, dando a conocer, no solo los problemas que encontraron en algún tema, sino también su solución. Todo sin esperar nada a cambio. Por eso es una comunidad, no un negocio.
Algunos volvieron con sus familias, y ahora son felices viviendo sus vidas, trabajando, y de vez en cuando, yendo de visita a ver esa comunidad que los acogió. Otros, en cambio, trabajaron duro, forjando vínculos entre ellos, pasando de ser una comunidad, a una gran familia. Formaron casas, tiendas, calles y parques, creando una nueva ciudad. No obstante, estas casas, tiendas, calles y parques no eran ni mucho menos tangibles.
La casa (preferiblemente unifamiliar) se conforma de una dirección. Simpre que quieres mandar una carta a alguien, o irlo a ver, lo haces con su dirección.
Algunos montaron comercios, para venderte directamente lo que necesites, siempre disponibles para tus necesidades.
Las calles… las calles se formaron solas. Si visitas mucho a alguien, tus pasos van formando día a día un camino por el que pueden seguir más personas, también.
Y los parques… Simplemente todo es un parque, donde pasar el tiempo, charlar, no aburrirse y descubrir que siempre te falta algo por descubrir.
Estas son las maravillas de Internet. No sabes cómo, pero te sientes más cerca de cualquier sitio.
Geece nació de Internet, de las comunidades, de aquel geek que llevamos todos dentro, y que nos hace fardar cuando nos acabamos de comprar un mp3, un móvil con cámara o un portátil que da mil patadas al resto. Porque, al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta fardar?
Al igual que Greece es el país de los Greeks, Geece es la ciudad (no nos engañemos) de los Geeks. Bienvenido.